Jubilados sin club

Jubilados sin club

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LAS PERSONAS MAYORES REIVINDICAN RECUPERAR SUS CENTROS, EN LOS QUE ADEMÁS DE SOCIALIZAR CONSIGUEN ESTRECHAR LAZOS Y LUCHAR CONTRA LA SOLEDAD

VIRGINIA URIETA 22.02.2021 | 08:32

Representantes de los diferentes centros de jubilados Pamplona y Comarca

Representantes de los diferentes centros de jubilados Pamplona y Comarca Iñaki Porto

Ni partidicas de mus y brisca ni viajes a Benidorm. Se acabaron los bailes, los bingos, las salidas y las actividades. Todo eso que copaba el ocio de los más mayores, con los clubes de jubilados cerrados a cal y canto, está pasando factura en un colectivo que reivindica recuperar su sitio y que quiere, además, luchar contra los prejuicios «y el edadismo, eso que dicen de que a nuestra edad no podemos hacer ni aprender nada». La covid ha frenado todo de golpe pero asumen que ese lugar de encuentro y de socialización con el que consiguen hacer vida en el barrio es mucho más que un simple club en el que se juntan con sus amigos y amigas. Es su particular centro de día, dicen, en el que fomentan el voluntariado como una forma de mantenerse activo: la mejor manera de luchar contra la soledad, que muchas veces es su mayor barrera.

En el Club de Jubilados Irubide, afincado en la Txantrea desde 1978 como una auténtica institución, son 600 socios. Sus autobuses siempre iban llenos, visitaban Logroño por San Bernabé y celebraban su fiesta de Navidad, días del socio y bodas de Oro, Diamante y Platino. Siempre terminaban el año con una jornada intergeneracional, de abuelos y nietos. La Asociación de Mayores Lacarra, con sede en la calle Estafeta, nació hace 10 años con las Huertas Amigas como proyecto pionero para cultivar productos que se reparten después en los bancos de alimentos y entidades sociales a las familias que más los necesitan, una labor que realizan íntegramente personas jubiladas. 

En la Asociación El Salvador de la Rochapea, por su parte, cuentan con unos 400 socios y socias (se fundó en 1999) con La Rondalla como buque insignia, coros, acordeones y voces impulsadas por 50 personas. Y en la Asociación de pensionistas y jubilados San Andrés de Villava son nada menos que 1.300 socios que acuden a grupos de canto, manualidades, memoria, yoga, gimnasia o natación, entre otras. Se agrupan en la confederación Tercer Tiempo, el motor que impulsa y aglutina a tres federaciones de entidades de jubilados en Navarra. Son un total de 42 asociaciones y más de 30.000 usuarios: 21 clubes en La Ribera, 14 en la Comarca y 6 en Pamplona, donde se han hecho fuertes, han creado sinergías y han aprovechado la crisis para unirse más Si cabe.

Su presidente, Joaquín Almoguera, asume que son tiempos difíciles, «ha habido que reaccionar al covid y se han suspendido las actividades, se han cerrado los centros. En este momento lo único que está permitido es ocupar el 30% del aforo y eso supone que muchos no pueden acudir. También hay quien tiene miedo Sólo los locales con más espacio han podido mantener cierto ritmo, y es importante no cerrar porque el club ha sido siempre un lugar de acogida, de socialización. Hay que romper prejuicios porque aquí se hacen muchas cosas, y la labor social es importantísima», valora. En todos los clubes, explica Asun Apesteguía (Irubide) «el elemento fundamental es el voluntariado para el acompañamiento. La peluquería, gimnasia, organizar los viajes… Todo se hace gracias a personas con compromiso, que lo han tenido siempre y siguen con ese compromiso después de la jubilación» explica. Y es que tal y como asume Goyo Cerdán desde la Rochapea, «aquí se crea una gran familia. Aunque haya personas más mayores, venían a todas las actividades, da igual que sea un concurso de bizcochos que una charla o un taller de memoria. Y con la covid ha sido increíble: mujeres de 80 años les llevaban la compra a quienes no podían salir de casa, y otros acompañaban a sus vecinos al centro de salud si lo necesitaban. Se crea una relación muy fuerte gracias al día a día y en la pandemia los socios y socias se han ayudado mucho», confiesa.

Sagrario Lecumberri, secretaria de Lacarra, explica que en esta entidad cuentan también con un grupo de voluntarios para tratar de explicar y acercar temas como la vivienda colaborativa o la tarifa de la luz a sus socios y socias. Ahora acaban de retomar la actividad del taller colaborativo que se ubicaba antes en la Rochapea y está regulado por los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Pamplona con el que 15 personas mayores, expertas en diferentes gremios, ayudan con sus labores de fontanería, carpintería o electricidad a quien lo necesita. «Hemos llamado al 50% de los socios para mantener ese contacto con ellos durante la pandemia y ha tenido muy buena acogida, les hemos preguntado sobre el futuro y cómo se han sentido. No ha habido sobresaltos muy importantes aunque hay bastante gente que vive sola. Ha sido una forma de trabajar la soledad», relata.

LA BRECHA DIGITAL Uno de los mayores problemas que han detectado ha sido el de la brecha digital. «Hay una necesidad brutal, lo notamos solo mandando los emails. La comunicación es buena pero no todo el mundo tiene ordenador en su casa ni sabe dominarlo. Y es una incapacidad tremenda porque quieres hacer más cosas pero no puedes, tenemos que reforzar eso practicando la intergeneracionalidad: gente joven que enseñe a los mayores a manejar el móvil, por ejemplo. Teníamos programados dos cursos para 2020 pero tuvimos que aparcarlos», lamenta Lecumberri. En Villava, por su parte, han podido seguir manteniendo algunas actividades porque el espacio es más amplio, algo que también agradecen, «porque así los y las vecinas mayores siguen activos», explica Luis Enériz desde la asociación.

Asume que los barrios hacen mucho, «son muy importantes», y en la Comarca de Pamplona los lazos están muy bien atados. Los ayuntamientos mantienen «muy buena relación» con los clubes en su caso, por ejemplo, el Ayuntamiento de Villava se ocupa del mantenimiento del local y otros colaboran con subvenciones, un factor económico que este año cobra especial importancia. «Al haber menos participantes en los cursos la deuda ha corrido a cargo de los clubes», coinciden, recordando también los gastos para adaptarse a la situación sanitaria, «algo que difícilmente vamos a poder soportar sin ayudas. Y si no podemos soportarlo habrá que cerrar, y cada club de jubilados que cierre es un centro de día que desaparece. Las ayudas económicas de las instituciones son fundamentales».

Precisamente para hacer frente a esa brecha digital pudieron acogerse a una subvención del Gobierno de Navarra con 2.000 euros para invertir en tecnología que les ha permitido adquirir tablets y ordenadores. En la Rochapea ya llevaban tiempo reforzando este ámbito. «Hemos podido seguir haciéndolo cumpliendo con el aforo, llevábamos ya tres años y hemos realizado seis cursos con dos grupos al día», cuenta Cerdán, que asume que enseñan a los usuarios a coger cita previa para el médico, a hacer la declaración de la renta y renovar el carnet de identidad o «si es el caso», bromea incluso a fichar viajes low cost.

Todo con tal de adaptarse a las nuevas tecnologías. «Tenemos que empoderarnos y debemos hacerlo. Hay muchos conceptos que están ayudando a cambiar la imagen de los mayores y la que los propios mayores tienen de sí mismos. Saber que lo pueden hacer, que nadie tiene que hacerlo por ellos. La sociedad va evolucionando y tenemos que seguirle el ritmo», reconoce Almoguera. Y se trata, precisamente, de evitar lo que ha sucedido en la pandemia, «que por no tener conocimiento ni recursos no hayamos podido contactar con todo el mundo o comunicar. Agradecen muchísimo recibir una llamada, la soledad para la gente más mayor durante la pandemia está siendo tremenda», recuerda Lecumberri. El club es su casa. Su familia, su modo de socializar. «No hacen más que preguntarnos qué previsión tenemos, que cuándo pueden venir. Tienen ganas, pero nuestra meta es la vacuna asume Apesteguía. Nos hemos sabido adaptar, y con los cambios y la seguridad vamos arrancando poco a poco con las actividades». Tener la mente activa, completa Lecumberri, «es vital para las personas mayores. Hacer vida social, no quedarnos encerrados en un rincón. También aprender cosas nuevas. La red social de los jubilados es el propio club, pero hay que dotarlo de herramientas y y aprender a usarlas sin olvidarnos de las relaciones personales». La situación actual, dicen, está adoleciendo de ese contacto que para ellos es fundamental.

«Estamos raritos, hay un porcentaje importante de depresiones, no solo en las personas mayores. Pero la falta de abrazos y de contacto también les afecta de otra manera. La pandemia nos ha arrancado prácticamente dos años de nuestras vidas muy difíciles de recuperar, porque una persona joven tiene más perspectiva de vida», lamentan. Por eso quieren que pase pronto. Que llegue la vacuna «y poder volver a recuperar todas esas actividades, lo que teníamos antes. Lo que está claro es que volveremos optimistas, y con muchas más ganas».

Al detalle

La situación. Los clubes de jubilados de Pamplona y su Comarca permanecen cerrados, aunque algunos (los que disponen de locales amplios) mantienen cierta actividad cumpliendo el aforo del 30%. Reivindicaciones. Desde el colectivo asumen que los locales «son mucho más que un lugar de encuentro, porque sirven para estrechar lazos y mantener una vida activa». la cifra 42 Asociaciones forman parte de la confederación Tercer Tiempo, que aglutina en diferentes federaciones de Navarra a un total de 30.000 socios y socias.

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